Hay un error que veo muchísimo cuando entro a una casa.
Los cuadros están demasiado altos.
Y es una de esas cosas que, una vez que las bajás, no podés dejar de verlo en otros lugares.
Porque aunque el cuadro sea hermoso, cuando queda demasiado arriba empieza a verse como si estuviera flotando en la pared. Y además deja de conversar con todo lo que tiene alrededor.
Me pasa lo mismo con las teles demasiado altas.
¿Cuál es la idea? ¿Desnucarse al mirar?

La regla que más uso
Cuando tengo que definir la altura de un cuadro, parto de una regla muy simple:
el centro del cuadro tiene que quedar aproximadamente a la altura de los ojos.
No importa tanto que el borde inferior esté a determinada distancia del piso. Lo que miro es dónde queda el centro de la obra.
No es una regla que inventé yo. Es un criterio estándar de museografía: tradicionalmente, el centro de las obras se ubica alrededor de 1,45 a 1,50 metros del piso, tomando como referencia la altura promedio de los ojos de los visitantes.
Pero en una casa no hace falta seguir ese número como si fuera una ley.
Para empezar, me gusta pensar en unos 1,55 metros desde el piso y después ajustar según el ambiente.
Si el cuadro está sobre un sofá o una consola, cambia la cosa
Cuando el cuadro no está solo en una pared, sino que tiene un mueble abajo, ya no miro únicamente la distancia desde el piso.
Me importa cómo se relaciona con ese mueble.
Como referencia, me gusta dejar unos 20 o 25 centímetros entre el mueble y el cuadro.
Eso ayuda a que el cuadro no quede perdido arriba y hace que ambas cosas se lean como parte de una misma composición.
Y acá hay algo importante: no hace falta que todos los cuadros de una casa estén exactamente a la misma altura.
La altura se ajusta según el mueble, el tamaño del cuadro y el espacio que haya disponible.
La regla sirve para empezar. Después hay que mirar el conjunto.
¿Qué pasa si tengo dos o tres cuadros?
Acá aparece otro error bastante común: separarlos demasiado.
Si vas a colgar dos o tres cuadros juntos, la idea es que se lean como una sola composición.
No como tres piezas independientes que casualmente quedaron en la misma pared.
Por eso prefiero mantener una separación relativamente corta entre ellos y pensar primero cómo quiero que se vea el conjunto.
Incluso antes de hacer agujeros, podés apoyar los cuadros en el piso y probar distintas distribuciones.
Es muchísimo más fácil moverlos ahí que empezar a hacer agujeros en la pared y después arrepentirse.

Antes de hacer el agujero, mirá el conjunto
A veces nos concentramos tanto en el cuadro que nos olvidamos de todo lo que tiene alrededor.
El sofá, la consola, una mesa, una lámpara, otro cuadro.
Todo eso también entra en la decisión.
Un cuadro demasiado alto puede quedar bien visto de manera aislada, pero cuando lo mirás junto al resto del ambiente, se nota que está desconectado.


Por eso, antes de colgarlo, me hago una pregunta muy simple:
¿A dónde se va la mirada cuando entro al ambiente?
Si tengo que levantar demasiado la cabeza para encontrar el cuadro, probablemente esté demasiado alto.
Y muchas veces la solución no es cambiarlo.
Es simplemente bajarlo unos centímetros.



