3 Days of Design: mi viaje a este hermoso festival en Copenhague

Este viaje combinó dos cosas que me entusiasmaban muchísimo. Recorrer Copenhague, capital de Dinamarca, un país que siempre está entre los más felices del mundo, y conocer de cerca el festival Three Days of Design, que descubrí el año pasado y me pareció la excusa perfecta para venir hasta acá.

¿Qué es Three Days of Design?

Three Days of Design es el festival de diseño más importante de Dinamarca. Se celebra cada año en Copenhague y durante tres días la ciudad entera se llena de diseño, creatividad, propuestas innovadoras y experiencias.

No sucede en un solo lugar, sino que son los showrooms, estudios, locales y espacios de las propias marcas los que abren sus puertas. Lo reconocés fácilmente porque cada lugar que forma parte del festival tiene un globito verde en la puerta que te invita a entrar y descubrir.

Cómo funciona y cómo se recorre el festival

Una de las cosas que más me gustó de este festival es que no tiene un lugar físico, sino que sucede en la ciudad entera.

Para organizarte, hay una aplicación oficial donde está todo el mapa del festival dividido en ocho distritos, que son distintas zonas de Copenhague donde están distribuidos los showrooms y espacios que participan.

Desde la app podés elegir qué distrito visitar y, dentro de cada uno, ver en el mapa todos los lugares adheridos. El plan es simple: caminar, recorrer, entrar a los espacios, descubrir, tocar, inspirarte.

Además, todos los días hay una agenda con charlas, talleres y eventos. Lo bueno es que desde la misma aplicación podías ver qué actividades había cada día y armar tu recorrido en base a eso.

Yo, por ejemplo, me sumé a dos charlas sobre iluminación, a una sobre paneles acústicos, y en base a eso fui eligiendo qué zonas recorrer cada día. Algunos lugares me quedaban cerca de las charlas, otros los iba eligiendo según lo que me generaba más curiosidad.

Lo interesante es que hay un poco de todo:

  • Los showrooms grandes estaban súper ambientados, con más movimiento, música, gente, cafeterías o foodtrucks. Se sentía más como un evento social, con mucha energía.
  • Los espacios más chicos eran más tranquilos, algunos con propuestas más simples o más a pulmón. A veces se sentían menos vibrantes, pero igual era lindo entrar, ver qué ofrecían y descubrir diseñadores o marcas emergentes.

Lo que más disfruté fue justamente esa mezcla. Poder entrar a cada espacio, ver las puestas en escena, tocar los materiales, comparar diferentes diseños, descubrir lo que se está usando y hacia dónde va el diseño. Me pareció súper enriquecedor.

Todo este recorrido lo ibas haciendo gracias a la app, que te iba guiando, marcando qué ver, qué te quedaba cerca y qué eventos o charlas había en cada zona.

Dato no menor: el festival es gratuito. Solo hay que registrarse en la web oficial y te dan acceso al mapa interactivo y a toda la agenda de actividades, charlas y exhibiciones.

¿En qué idioma se vive esta experiencia?

Los daneses hablan danés, pero todo el festival está en inglés. Tanto la aplicación como las charlas, los contenidos y la información de cada showroom… todo está pensado para un público internacional.

La buena noticia es que el inglés que usan es bastante accesible, porque como tampoco es su idioma principal, se entiende mucho mejor que, por ejemplo, en Londres.

No hace falta ser bilingüe: con un nivel intermedio hacia arriba te defendés perfecto.

Sí me pasó que, como estaba alojada en una zona que no es tan turística, en algunos restaurantes o negocios no todo estaba traducido al inglés. Por ejemplo, los menús a veces estaban solo en danés.

Pero nada que no se resuelva hoy con una captura y la ayuda del traductor, o mismo con ChatGPT, que me salvó más de una vez traduciendo textos o convirtiendo precios de coronas danesas a dólares en segundos.

El danés me pareció un idioma imposible —no voy a mentir— y hubo momentos, como en algunos medios de transporte, donde solo estaba la opción del idioma local. Pero ahí aplica la regla de oro del viajero: te dejás llevar por la intuición. Y si te equivocás, te equivocás… total estamos de viaje.

Copenhague, la ciudad

Copenhague me pareció una belleza. Es una ciudad que se disfruta caminando, mirándola, sintiéndola.

Hice dos walking tours de esos que son a la gorra, y sinceramente me parecen la mejor manera de conocerla. Uno fue un recorrido general por la ciudad y otro, sobre sus secretos y curiosidades. Son esos tours que te dan contexto, te cuentan datos, historias, y después todo lo que ves cobra más sentido.

Además de caminar muchísimo, el último día también me subí a un barquito, algo que recomiendo un montón, porque te permite llegar a zonas que caminando no hubiera alcanzado. Y, además, ver la ciudad desde el agua tiene su magia

Copenhague se destaca por su arquitectura, por esas casitas de colores que todos imaginamos, pero también porque, como la ciudad se incendió varias veces a lo largo de su historia, hoy conviven distintos estilos arquitectónicos de una manera súper armónica.

Más allá de la historia y la arquitectura, lo que me impactó es cómo está pensada la ciudad hoy. Se nota que las personas viven bien. Lo sentís en el aire.

Hay menos apuro, no hay bocinazos, la mayoría de la gente se mueve en bicicleta, y todo funciona desde un lugar muy respetuoso y consciente.

Pasé por un colegio que estaba abierto a la calle. Desde la vereda podía ver a los nenes jugando, y si hubiera querido, podría haber entrado. Eso te habla del concepto que tienen sobre la seguridad, la comunidad y la forma de vivir, que es completamente distinta a la nuestra.

Desde el punto de vista del diseño urbano, la ciudad es prolija, limpia, ordenada, no está contaminada visualmente. Hasta la gente es como muy homogénea visualmente. Todo es armónico, nada te resulta caótico ni abrumador.

De hecho, fue un shock cultural enorme cuando me fui directo de Copenhague a Londres. Pasé de una ciudad ordenada, silenciosa, limpia, a un caos total. El subte lleno, las calles llenas, la gente hablando fuerte, bocinazos, la gente cruzando aunque el semáforo esté en rojo… Fue un contraste de un día al otro que me hizo valorar aún más lo armoniosa que es Copenhague :O

Algunos de los lugares y marcas que visité en 3 Days of Design

  • Ferm Living
    Una marca que conocía y que cuando llegué a su espacio me fascinó. Están en una construcción de piedra con techito negro y unos ventanales divinos. Y el clima era de fiesta total: un carrito de café en la puerta, silloncitos en el exterior para disfrutar del día de sol y un showroom lleno de gente. Su propuesta tiene mobiliario y objetos decorativos con líneas simples, muy danesas, pero súper funcionales también. Sin duda, fue de mis mejores experiencias del festival.
  • New Works
    Nada que ver con Ferm en cuanto al espacio, pero me encantó. Su showroom está en un edificio antiguo, súper elegante. Subís dos pisos y te encontrás con un pasillo pintado en un color divino, con los zócalos en otro tono que hacía juego. Cada habitación estaba decorada con una paleta monocromática, súper elegante, con mucha textura y una sensación de calma total. Además, tienen un restaurante y hasta el baño era una belleza. Todo ahí era diseño y experiencia danesa al 100 %.
  • Gubi
    Lo que más me gustó de Gubi fue la zona, que era distinta a las otras, más de puerto, frente al agua. También estaba bastante en modo fiesta, con mucha gente y movimiento. Si bien su mobiliario no es exactamente de mi estilo, tienen algunas sillas y silloncitos hermosos que me encantaron.
  • Kvadrat Acoustics
    Quedaba en la misma zona que Gubi y fue donde participé en la charla sobre paneles acústicos. Me encantó descubrir este tipo de propuestas que están dentro del diseño interior, pero que no son necesariamente de mobiliario. Presentaban, por ejemplo, una nueva cortina acústica pensada para oficinas o espacios comerciales. Me pareció súper interesante ver cómo combinan la funcionalidad acústica con el diseño.
  • Bolia
    En la misma zona de Ferm, que fue de mis favoritas. Su espacio también era una construcción divina, con la arquitectura muy en línea con la marca. Me encantó cómo tenían armados distintos espacios, con mucho uso de curvas y texturas, y una puesta en escena espectacular. Súper acogedor, cálido y con mucho foco en la experiencia.

Por supuesto, había cientos de lugares más para recorrer. Este es apenas un recorte de algunos de los espacios que más me gustaron, me llamaron la atención o me quedaron grabados. Lo hermoso de este festival es justamente eso: que cada recorrido es único, y que lo que te llevás depende de tus elecciones, tu curiosidad y tu forma de mirar.

Tres datos prácticos: alojamiento, transporte y comida

  1. Dónde me alojé

Me alojé en un Airbnb en la zona de Amager, que es una zona residencial, no turística. El departamento era divino, amplio, bien decorado y estaba súper bien ubicado en cuanto a conexiones de transporte. Peeero, la realidad es que no me lo entregaron limpio, como debería ser.

A mí, personalmente, me terminó yendo bien y estuve cómoda, pero la verdad es que no lo recomendaría.

2. Cómo me moví

Moverse en Copenhague es bastante sencillo. Usaba Google Maps para ver qué opciones tenía según a dónde quería ir y, en paralelo, me descargué la app oficial del transporte: Rejsekort

Funciona así: cuando te subís a un medio de transporte (subte, tren, colectivo), activás el viaje desde la app, y cuando te bajás, lo cerrás. Súper práctico.

No es barato moverse, pero sí es simple y funciona perfecto.

El primer día, obvio, estaba medio perdida, no sabía bien qué tomarme ni cómo funcionaba todo. Pero ya para el tercer día volvía a mi casa casi sin mirar la aplicación, como si fuera local.

Dato: muchas veces los Airbnb incluyen bicis. Vale la pena chequearlo, porque moverse en bici por Copenhague es probablemente la forma más práctica, económica y linda de recorrerla.

3. Comer en Copenhague

En cuanto a la comida, la mayoría de los lugares en el centro tienen los menús traducidos al inglés.

Aún así, no es una ciudad barata. Por suerte, con el dólar en Argentina —al menos en junio de 2025— no está tan desfasado, pero igual hay que buscar opciones para no romper el presupuesto.

Yo me la rebusqué bastante. Tomé mucho cafecito con “Danish Pastries”, que son las facturas danesas, típicas, y la verdad que estaban buenísimas.

También probé un plato muy típico que se llama Smørrebrød, que es básicamente un sándwich abierto, con un solo pan, que puede llevar salmón, huevo, carne o distintos toppings.

Y después, la realidad es que aproveché a comer mucho salmón, porque mientras que en Argentina cuesta el doble o el triple que el pollo, allá costaba lo mismo. Así que feliz de pedirme wraps de salmón o smørrebrød con salmón cada vez que pude. Después me enteré de que no es salmón local, sino importado de Noruega, pero bueno, eso no me detuvo ni un poco.

¿Vale la pena ir a Three Days of Design?

Si te gusta el diseño, la decoración, la arquitectura o simplemente llenarte de inspiración, sí.

Copenhague es un destino que ya vale la pena por sí mismo. Y si lo combinás con el festival, es un planazo.

Volví con la cabeza y el corazón llenos. De ideas, de inspiración y de una confirmación enorme: que el diseño —cuando es pensado desde la funcionalidad, el bienestar y la belleza— es una herramienta para vivir mejor.